La Ciudad de México se convierte en el escenario de una innovación tecnológica sin precedentes en la región con la llegada de FlyOver México. Tras seis años de meticulosa planeación y una inversión de decenas de millones de pesos, el concepto originalmente concebido como Odisea México ha evolucionado para ofrecer una experiencia sensorial completa. A bordo de sillas voladoras suspendidas a ocho metros de altura, los asistentes se sitúan frente a una pantalla curva monumental de 20 por 12 metros. El sistema de sonido envolvente y la tecnología de movimiento permiten que los visitantes sientan el viento y la libertad de sobrevolar sitios emblemáticos, logrando una desconexión total de la realidad urbana para sumergirse en la vasta naturaleza mexicana.

Se trata del primer teatro volador en el mundo que cuenta con un guion narrativo estructurado. La cinta, que requirió ocho meses de grabaciones con un staff internacional de cuarenta especialistas —incluyendo fotógrafos belgas y técnicos ingleses—, está diseñada de forma circular. El viaje inicia en la capital mexicana, recorre los puntos más estratégicos de la República y concluye de vuelta en el corazón de la CDMX. Esta narrativa permite a los espectadores no solo observar paisajes, sino experimentar una historia que exalta la riqueza cultural de un país tan diverso que seleccionar los sitios finales fue uno de los mayores retos creativos para los productores.

DE XOCHIMILCO A LA VECINDAD: UN PRELUDIO LLENO DE NOSTALGIA

Antes de llegar al clímax de la «silla flotante», los visitantes deben atravesar un recorrido previo compuesto por 25 salas temáticas que preparan los sentidos. Este camino es una lección de historia y cultura guiada, donde se pueden encontrar representaciones de los santuarios de la mariposa monarca en Michoacán, las tradicionales trajineras de Xochimilco y la calidez de los puertos veracruzanos. Entre los espacios más destacados se encuentra una réplica de la Casa Azul de Frida Kahlo y un homenaje a la cultura popular con la vecindad de «El Chavo del Ocho», donde los fans pueden ver el icónico barril y la puerta del departamento 72, famosa por las deudas de Don Ramón.

El ingenio de la atracción se extiende hasta su logística interna, ya que al terminar el recorrido por las salas, una unidad simulada del Metrobús espera a los visitantes para transportarlos a través de un mercado típico hasta llegar al «aeropuerto», que es la antesala del teatro volador. Esta transición mantiene la inmersión total en la identidad mexicana hasta el último segundo. Abierto al público general en la zona de Polanco, FlyOver México no solo es una hazaña de ingeniería y efectos visuales, sino una herramienta educativa y de entretenimiento familiar que celebra al campo, las playas y las zonas arqueológicas que hacen de México un país inigualable en el panorama global.