Monterrey.- El año pasado, Adrián Flores acudió al médico para atenderse una infección. La revisión reveló que sus niveles de glucosa rondaban los 600 miligramos por decilitro (mg/dL), una cifra que lo colocaba al borde de un coma diabético.
Hasta ese momento, asegura, nunca había sentido un síntoma que lo hiciera sospechar de la enfermedad.
“Yo en enero me hice los exámenes después de navidad y año nuevo y salí relativamente bien. Para marzo tenía casi 600 mg/dL. Yo creo que se me disparó por unos esteroides”, relató.
El cansancio que arrastraba lo atribuía a los antibióticos que tomaba para combatir un folículo infectado, no a un problema de azúcar.
“Nunca sentí nada. Estuve a punto de que me diera un coma diabético, o quedarme sin vista, o que mis riñones acabaran de funcionar por el nivel de azúcar que tenía”, mencionó.
DÍA MUNDIAL DE LA DIABETES
Alarma diabetes en Nuevo León: se duplican los casos
El diagnóstico lo obligó a rehacer su rutina de un día para otro. Dejó los dulces y las harinas, adoptó una dieta balanceada, midió su glucosa varias veces al día e incorporó ejercicio. Más de un año después mantiene niveles de entre 80 y 110 mg/dL.
Revirtió el cuadro porque tuvo acceso a consultas de endocrinología, nutrición, podología y psicología, y a un monitoreo constante. Ese acompañamiento no alcanza a la mayoría de las personas que viven con diabetes en Nuevo León.
Crecimiento sostenido
México figura entre los diez países del mundo con mayor número de adultos que viven con diabetes. El Atlas de la Diabetes de la Federación Internacional de Diabetes (FID) registra una escalada continua: de 4.4 millones de adultos con la enfermedad en el año 2000, el país pasó a 13.6 millones en 2024, con una proyección de 19.9 millones para 2050.
A nivel nacional, alrededor del 18 por ciento de la población adulta vive con diabetes, más de 14 millones de personas, según mediciones del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) y la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT).
Las regiones no cargan el problema por igual: la Frontera Norte, donde se ubica Nuevo León, figura entre las de mayor prevalencia del país. En la entidad, el ritmo de nuevos diagnósticos es constante.
Entre el 1 de enero y el 18 de julio de este año, la Dirección General de Epidemiología detectó 11 mil 34 casos de diabetes tipo II, un promedio de 2.3 nuevos pacientes cada hora.
Mal silencioso
El caso de Adrián, un diagnóstico por casualidad y sin síntomas previos, coincide con un patrón nacional. En el país, entre una de cada cuatro y una de cada tres personas con diabetes no sabe que la padece, lo que retrasa el tratamiento y eleva el riesgo de complicaciones graves: insuficiencia renal, ceguera, amputaciones.
“Las estadísticas hablan que tres de cada 10 personas a nivel nacional viven con diabetes. Pero de esas 10, otras tres no saben que tienen diabetes. Entonces, ya llevamos seis de cada 10”, advirtió Adriana Dávila, representante de la Asociación Mexicana de Diabetes en Nuevo León.
El INEGI registró 20 mil 97 defunciones por diabetes en Nuevo León entre 2020 y 2024, según sus cifras definitivas. El promedio equivale a cerca de cuatro mil muertes al año, alrededor de once cada día.
La diabetes mellitus ocupa el segundo lugar como causa de muerte en Nuevo León, según las Estadísticas de Defunciones Registradas del INEGI, solo por detrás de las enfermedades del corazón. Es la misma posición que registra a nivel nacional.
¿Por qué el norte?
La región norte mantiene uno de los patrones de consumo de bebidas azucaradas y alimentos de alta densidad calórica más elevados de México, un país que encabeza el consumo mundial de refrescos con un promedio de 166 litros por persona al año, casi el triple del promedio global.
Cerca del 30 por ciento de los nuevos casos anuales de diabetes tipo 2 en el país son atribuibles al consumo de bebidas azucaradas, según estimaciones de un estudio publicado en la revista Nature Medicine.
A esa cifra se suma la obesidad juvenil: entre el 70 y el 80 por ciento de los jóvenes en zonas urbanas del norte presenta sobrepeso u obesidad, un factor que adelanta la aparición de la enfermedad.
El fenómeno neoleonés responde a una suma de factores. A la predisposición genética de la población hispana se le añade el entorno urbano de Monterrey: una dieta norteña alta en carnes rojas procesadas, carbohidratos refinados y refrescos, sumada a jornadas laborales largas y traslados prolongados que empujan al sedentarismo.
Esa combinación acelera el desarrollo de resistencia a la insulina a edades cada vez más tempranas.
Diagnósticos tempranos
Durante generaciones, el diagnóstico llegaba a los 60 o 70 años. Ahora se adelanta. Dávila advierte que la enfermedad alcanza a personas cada vez más jóvenes, entre adolescentes y adultos jóvenes.
“Ahorita, con el estilo de vida sedentario que tiene la sociedad, la mala alimentación, la poca prevención de complicaciones y de síntomas, se está diagnosticando cada vez más pronto, pasando por las etapas que son insulina, prediabetes y diabetes antes de los 30 años”, señaló.
Frente a la detección cada vez más temprana de la enfermedad, investigadores de la UANL, en la revista Ciencia UANL, retoman estudios internacionales que apuntan a la prediabetes como el punto de quiebre: una fase asintomática pero reversible, y la principal ventana de intervención antes de que el daño metabólico se vuelva permanente.
Tratamiento costoso
Adrián revirtió su cuadro con acceso a especialistas e insumos. Para miles de familias en Nuevo León, ese acceso queda fuera de alcance.
El tratamiento, según Dávila, se convierte en un reto económico más que de salud. “Cada tira obviamente tiene un costo: el bote de 50 tiras vale alrededor de 450 pesos, más el glucómetro, más la toallita alcoholada, más la jeringa. Son muchos gastitos que es insostenible para una familia”, explicó.
A la cuenta se suman las condiciones de vida que dificultan la prevención, sobre todo en los municipios más vulnerables.
“¿Cómo le voy a pedir a una persona que vive en Juárez, que tiene que salir de su casa a las cinco de la mañana y se hace dos horas en el transporte público, que coma saludable, que haga ejercicio, que vaya al médico? En cambio, una persona que tiene automóvil puede mejorar su estilo de vida”, expuso.
Para una persona que costea sus propios insumos, el gasto de bolsillo mensual va de los 2 mil 600 a los 5 mil 700 pesos, sin contar complicaciones ni hospitalizaciones.
El monitoreo en casa (glucómetro, tiras reactivas, lancetas) ronda entre 800 y mil 200 pesos; el medicamento, de unos 300 pesos con fármacos como la metformina hasta más de 2 mil 500 con análogos de insulina; las consultas con especialistas, entre mil 500 y 3 mil pesos. Son estimaciones de gasto de bolsillo, no tarifas oficiales.
El sector público cubre sólo una parte. El IMSS y el ISSSTE otorgan consulta, endocrinología y medicamentos básicos como la metformina e insulinas tradicionales, pero rara vez dan tiras reactivas o glucómetros para el monitoreo diario, un gasto que recae en el paciente.
La Secretaría de Salud y el IMSS-Bienestar cubren fármacos de primer nivel, con desabasto recurrente de insumos y citas con especialistas postergadas.
Problema profundo
Los programas públicos de detección temprana operan con alcance limitado sobre la fase asintomática de la enfermedad, y el monitoreo en casa, el recurso que permitió a Adrián estabilizar sus niveles, permanece fuera de la cobertura del sistema.
El acceso al control depende del diagnóstico y de la capacidad de pago de cada familia. La estadística avanza a ritmo constante: 2.3 diagnósticos nuevos cada hora, once muertes al día. Adrián Flores lo resume desde su propia experiencia: “Estuve a punto de quedarme sin vista o sin riñones, y nunca sentí nada”.