Monterrey.- Nuevo León se mantiene como una de las entidades más afectadas por la tuberculosis en el país. Entre 2025 y la primera mitad de 2026, el estado ocupa el tercer lugar nacional por volumen de casos de tuberculosis respiratoria, solo por detrás de Veracruz y Baja California, en un escenario impulsado por la densidad urbana y la alta movilidad laboral.

Y la velocidad del contagio no da tregua: los casos de la primera mitad de 2026 ya rebasan la mitad de todos los registrados en 2025. De acuerdo con la Dirección General de Epidemiología de la Secretaría de Salud federal, el estado acumula 2 mil 761 incidencias de este padecimiento, por debajo de Veracruz (3 mil 162) y Baja California (3 mil 060).

Tan solo hasta la semana epidemiológica 27 de 2026, Nuevo León ya sumaba 932 contagios, equivalentes al 51 por ciento de los mil 829 casos registrados durante las 53 semanas de 2025.

El mapa del brote
Un estudio genómico publicado por investigadores de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL) en la revista Scientific Reports le puso nombre y apellido al brote metropolitano.

Mediante mapeo geográfico y tipificación genética, la investigación identificó un foco crítico de transmisión activa en la frontera urbana entre Juárez y Guadalupe, con un patrón de dispersión que se extiende hacia Monterrey, Escobedo e incluso municipios citrícolas como Montemorelos.

Sufre Nuevo León desabasto de vacuna contra tuberculosis
Ese corredor de contagio no responde a un solo lugar de residencia, sino a la intensa movilidad laboral cotidiana: los trayectos en transporte público saturado y los espacios de trabajo con poca ventilación, donde la bacteria encuentra condiciones ideales para propagarse.

El estudio distingue dos preocupaciones distintas. Por un lado, la variante que más se contagia en la metrópoli es una cepa local, arraigada en la región, que concentra el 35 por ciento de los casos analizados.

Por otro, existe una segunda variante minoritaria pero mucho más difícil de tratar: en ella, seis de cada diez muestras no respondieron a los antibióticos de primera línea. Es decir, la que más circula no es la más peligrosa, y la más peligrosa aún no es la que más circula.

Transmisión directa de cepas
La creencia médica tradicional sostiene que la tuberculosis resistente se genera cuando un paciente abandona su tratamiento a la mitad.

Sin embargo, los hallazgos en Nuevo León apuntan a otra ruta más inquietante: el 30.4 por ciento de los pacientes recién diagnosticados —personas que jamás habían tomado un fármaco contra la enfermedad— ya portan bacterias resistentes a los medicamentos de primera línea, y un 9.9 por ciento presenta tuberculosis multirresistente (MDR).

Esto significa que la bacteria mutada ya no surge solo dentro del paciente que interrumpe su tratamiento, sino que se transmite directamente de persona a persona en la comunidad.

El estudio también detectó la presencia de la cepa Beijing (3.3 por ciento), un linaje de circulación global. Su aparición ilustra cómo Nuevo León, por su condición de polo industrial y de movilidad, concentra una diversidad de linajes que otras entidades no registran; con todo, el motor del brote metropolitano sigue siendo la cepa local T1.

El doctor Arnaldo Sarabia, neumólogo y profesor de Posgrado en la Escuela de Medicina de la UDEM, explicó en entrevista para ABC Noticias que la transmisión ocurre por la inhalación de las gotículas de saliva —las llamadas gotitas de Flügge— que expulsa un enfermo al toser, estornudar o hablar.

El riesgo se multiplica en una entidad donde la diabetes tipo 2 es endémica. El estudio de la UANL confirmó que casi el 22 por ciento de los enfermos de tuberculosis en el estado padecen también diabetes, una condición que deprime las defensas y acelera el paso de una infección latente a una enfermedad activa.

La distinción es clave para no generar alarma equivocada: una persona con tuberculosis latente tiene el bacilo “dormido”, no presenta síntomas y no contagia.

El peligro es que no sabe que lo porta y, si sus defensas bajan —por diabetes, estrés o desnutrición—, la infección puede activarse; es entonces cuando aparece la tos y comienza el contagio.

“Los pacientes diabéticos tienen mayor riesgo de desarrollar tuberculosis drogorresistente, que es la enfermedad que se puede considerar grave porque no tiene cura, y los que tienen cura representan una carga económica muy alta para el estado porque los medicamentos de segunda línea son muy costosos”, advirtió Sarabia.

La falla en el escudo vacunal
El panorama se complica en la prevención primaria. A casi un año del desabasto nacional del biológico BCG —la vacuna que protege contra la tuberculosis—, Nuevo León arrastra un rezago de aproximadamente 11 mil recién nacidos que no la recibieron en 2025. Esa bolsa de vulnerabilidad infantil queda expuesta ante una bacteria que continúa mutando y desplazándose por el aire del área metropolitana.