Monterrey.- En los últimos años, el movimiento feminista en Nuevo León ha pasado de ser una presencia más discreta en las calles a convertirse en una fuerza social que moviliza a miles de mujeres, impulsa cambios legales y presiona a las instituciones para responder ante la violencia de género.

Activistas de distintas generaciones coinciden en que la lucha ha cambiado en forma y alcance, pero también advierten que persisten pendientes urgentes, especialmente en materia de justicia para víctimas y prevención de la violencia.

Para Leidy Pecina, fundadora de la colectiva Morras Feministas, el activismo surgió desde una experiencia personal de violencia que la llevó a alzar la voz junto con su hermana. La colectiva comenzó a gestarse entre 2020 y 2021, aunque su activismo inició antes en redes sociales y en marchas.

“La colectiva nace de la rabia, del coraje de ser invisibilizadas y violentadas institucionalmente. Mi hermana y yo somos víctimas de abuso sexual por parte de nuestro papá, y a partir de ahí empezamos a protestar, no sólo por nosotras, sino por todas las mujeres que comenzaron a acercarse con sus historias”, relató.

Con el paso del tiempo, el colectivo se consolidó como uno de los grupos que participan en la organización de la marcha del 8 de marzo en Monterrey y hoy reúne a alrededor de 200 integrantes, además de voluntaria.

Según Pecina, uno de los cambios más visibles en el movimiento ha sido el aumento en la participación y la fuerza de las organizaciones feministas.

“Cada año hay más mujeres marchando, incluso mujeres más jóvenes que ya no se quedan calladas cuando viven violencia. El movimiento ha tomado más fuerza y también más presencia pública”, afirmó.

La activista señaló que, aunque el movimiento no ha logrado transformaciones profundas en las instituciones, sí ha provocado reacciones más rápidas por parte de autoridades y organismos públicos.

“El hecho de vernos organizadas genera presión. A veces las instituciones reaccionan más rápido cuando hay un caso público o cuando intervenimos como colectivas”, señaló.

A pesar de los obstáculos, las activistas coincidieron en que el movimiento feminista ha logrado algo fundamental: que más mujeres pierdan el miedo a denunciar y a salir a las calles.