Que Elon Musk y Sam Altman se odian no es ninguna novedad. La novedad es que su rivalidad está a punto de llegar a los tribunales. Ayer tuvo lugar la selección del jurado que decidirá si, como dice Musk, OpenAI violó su acuerdo fundacional de ser una organización sin ánimo de lucro. Se juzga mucho más que eso; el caso apunta a ser todo un culebrón en el que se van a airear años de conflicto personal.
La acusación. En 2024, Elon Musk demandó a Sam Altman y OpenAI por haber roto el acuerdo fundacional de la empresa, que decía que “OpenAI es una empresa de investigación en inteligencia artificial sin ánimo de lucro”. El CEO de SpaceX, que fue uno de los fundadores de OpenAI, afirma que fue estafado y en cuanto consiguieron su dinero (38 millones de dólares) «cambió radicalmente la narrativa y se dedicó a lucrarse (…) aprovechándose de su preocupación humanitaria». Musk pide la destitución de Sam Altman y su presidente, Greg Brockman, así como 134.000 millones de dólares que irían a la rama sin fines de lucro de OpenAI.
La respuesta de OpenAI. Según la empresa, Elon Musk era conocedor del plan de convertirse en una entidad con fines de lucro, el cual era un paso necesario para la empresa. OpenAI dice que Musk está celoso y «arrepentido de haberse retirado» en 2018. Además, dicen que el dinero que aportó Musk no fue una inversión, sino una donación, y no le da ningún derecho de propiedad sobre OpenAI, tal y como cuentan en The Guardian.
La ruptura. OpenAI fue fundada en 2015 y poco después, en 2017, ya se vio claro que para desarrollar la soñada AGI iba a hacer falta muchísimo dinero, algo complicado de conseguir siendo una empresa sin fines de lucro. Aquí se planteaó la opción de una colaboración entre OpenAI y Tesla que solucionara el problema de financiación. Según OpenAI, Musk quería control total de la empresa y aquí es donde todo se torció.
El timing. A pesar de que su salida de la empresa fue en 2018, Musk no demanda a OpenAI hasta 2024. En este tiempo, OpenAI lanzó ChatGPT y acabó firmando su gran acuerdo con Microsoft. Al parecer, esto fue lo que terminó de cabrear a Musk, que acusó a OpenAI de haberse convertido en una rama de Microsoft. Su objetivo era dejar sin efecto el acuerdo, aunque mucho ha llovido desde entonces. Hoy, OpenAI es la empresa privada más valiosa del mundo, con inversiones de gigantes como NVIDIA, Amazon o Softbank. Si Musk gana, su problema ya no es anular el acuerdo con Microsoft, sino algo mucho más importante: pone en juego su planeada salida a bolsa.Una rivalidad personal. Más allá de las acusaciones oficiales, Musk y Altman tienen una rivalidad personal que se ha ido fraguando durante años con infinidad de pullas y acusaciones públicas. Musk ha dicho que Altman es un mentiroso y un estafador (lo suele llamar ‘Scam Altman’) o que ChatGPT es una IA ‘woke’. Altman no se ha quedado atrás; ha dicho que Musk es un idiota y hasta lo ridiculizó por el Tesla que compró y que nunca fue entregado, llegando a publicar emails pidiendo la devolución. En el juicio se espera que se aireen detalles privados como el uso de ketamina por parte de Elon Musk, algo que según OpenAI es relevante ya que retrata bastante bien su estado mental. Que empiece el espectáculo.